El abandono de tierras agrícolas sigue siendo una de las principales preocupaciones para el sector agrario en la provincia de Castellón. Según una información publicada recientemente por Castellón Plaza, en la última década se han dejado de cultivar 6.346 hectáreas, de las cuales aproximadamente tres de cada cuatro corresponden a explotaciones citrícolas. La mayor reducción se ha producido en las plantaciones de mandarinos, mientras que la superficie dedicada al naranjo ha logrado mantenerse e incluso crecer ligeramente.
Esta situación responde a diversos factores que afectan desde hace años a la agricultura: el aumento de los costes de producción, la dificultad para garantizar el relevo generacional y la rentabilidad de muchas explotaciones. A ello se suma la preocupación por las consecuencias que generan las parcelas abandonadas, ya que pueden favorecer la aparición de plagas, incrementar el riesgo de incendios y dificultar la gestión de las explotaciones vecinas. Por este motivo, organizaciones agrarias como La Unió Llauradora reclaman un plan específico para recuperar estos terrenos y proteger la actividad agrícola profesional.
La importancia de apostar por un sector citrícola fuerte
El cultivo de los cítricos forma parte de la identidad y de la economía de la provincia de Castellón. Cooperativas como Cocalni desempeñan un papel fundamental para ofrecer estabilidad a los agricultores, impulsar la comercialización conjunta y seguir apostando por una producción de calidad y sostenible. Mantener vivo el campo no solo garantiza alimentos de proximidad, sino que también contribuye a conservar el paisaje, generar empleo y proteger el entorno rural.
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