Según un análisis reciente del sector alimentario en la provincia de Castellón, aproximadamente la mitad de las empresas registran que más del 50 % de su actividad corresponde a la comercialización, lo que revela una elevada dependencia del canal de ventas frente a la transformación o producción propia. Esta dinámica muestra un modelo donde la cadena de valor agroalimentaria se inclina hacia el intermediario y el mercado, en lugar de centrarse únicamente en la producción primaria.
Asimismo, el estudio pone de manifiesto que la estructura empresarial del sector presenta ciertos desequilibrios: muchas compañías cuentan con una inversión limitada en innovación, digitalización y en integrar valor agregado al producto, lo que plantea un riesgo ante tendencias globales de demanda de alimentos diferenciados, calidad certificada y trazabilidad. Este escenario exige a empresas como Cocalni estar atentas y adaptarse para mantener su competitividad.
Por último, la radiografía del sector advierte de la necesidad de diversificación tanto en mercados como en productos para evitar la vulnerabilidad ligada al canal de comercialización tradicional. En este sentido, se plantea que el fortalecimiento de la marca, la integración de la producción y la comercialización directa, así como la apuesta por valor añadido –por ejemplo en cítricos de alta calidad o procesos sostenibles– pueden marcar la diferencia para cooperativas como la nuestra.
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